No te hizo grande el destino,
sino cual fue tu camino,
tu objetivo, el superarte,
eso te volvio un gigante.
Avanzabas en penumbras,
sin ver un avance neto,
crecias tanto de pronto,
ya no mirabas al resto.
Mirabas bien dentro tuyo,
tus defectos y carencias,
no te juzgabas por nada,
tu convivias con ellas.
El aceptar el presente,
aunque bastante perdido,
te iluminaba de noche,
el camino recorrido.
Esos momentos perdido,
en que no entendias nada,
fueron caminos divinos,
que te acercaron al alba
Rober Moyano
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